Juan Carlos Milla Cuarto / Párroco de Trujillo
Somos muchos los trujillanos que, al pasar por el templo de San Francisco, cruzamos su puerta y observamos qué sucede dentro del mismo por la pequeña ventana abierta en la cancela.
Compartamos en este escrito lo que tus ojos y los míos pueden contemplar por esa aspillera o saetera en los días más santos del año cristiano. Observa al cartel de la Semana Santa 2026. Para que nuestra curiosidad pueda quedar satisfecha, situémonos en el momento. Es Viernes Santo, Cristo ha sido crucificado a la hora nona, bajado de la cruz y puesto en los brazos de su angustiada Madre. Había que enterrarlo deprisa, porque caía la noche, empezaba el Sabbat. José de Arimatea solicita bajar el cuerpo muerto de Jesús de la Cruz, y con la ayuda de Nicodemo depositan su cadáver en un sepulcro nuevo, excavado en la roca. La muerte en la Cruz de Jesús ha traído las tinieblas sobre la tierra, y al quedar rodada la piedra del sepulcro, todo el peso de la oscuridad ha envuelto el cuerpo yacente del Hijo de Dios.
Nuestro cartel y esa pequeña ventana en esta tarde-noche de Viernes Santo te permite recorrer el camino hasta el Santo Sepulcro. El templo de San Francisco está en silencio, porque cuando el silencio habla, la vida se transforma. Y de silencio en nuestras vidas estamos muy faltos, y más aún en Semana Santa, cuando el silencio es protagonista fundamental para que la auténtica fe eclesial marque el ritmo del fervor religioso que de mil maneras expresamos en estos días santos. También el silencio nos permite a cada uno sentir todo el peso de la oscuridad que quiere apresar nuestras vidas. Por tanto, ¡silencio, oración!, recorres ese pasillo que a lo largo de todo el año tantas veces has procesionado por distintos motivos y celebraciones, vía que nos acerca al altar donde reposa el cuerpo yacente de Jesucristo. La muerte, que otorga silencio a nuestra vida, ha logrado que Cristo esté también en silencio, solo hablan las marcas de los latigazos y moratones en su cuerpo, la sangre que sigue brotando, los agujeros de los clavos en píes, brazos y costado.
¿Qué quieres decirle? Si algo quedo pendiente, díselo. Si estás con dolor por verle así díselo. Si estás agradecido por tanto amor demostrado y escrito con sangre, díselo. Fíjate, todos aquellos que piensan que la Semana Santa termina el Viernes Santo cuando se recoge el último paso, necesitan este momento que tú lector estás queriendo rememorar. Dile a todos, cofrades, curiosos, incluso menos creyentes, que hagan esta procesión y tengan la valentía de dialogar en silencio delante del cuerpo enterrado de Cristo. En el Viernes Santo, día del gran silencio que se prolonga el Sábado Santo, nuestra Madre de las Angustias y Madre de la Soledad nos puede acompañar en esta contemplación silenciosa del cuerpo de su Hijo, ayudándonos a responder la gran pregunta que todos nos hacemos ante la pasión y muerte de Cristo y los acontecimientos dolorosos de nuestra vida: ¿Por qué?
Observa, en la parte más vertical de la nave-crucero del templo de San Francisco, la Iglesia está presentando sobre el paso del Santo Sepulcro convertido en altar la ofrenda a Dios Padre del cuerpo entregado de Cristo. Es una vida ofrecida en sacrificio redentor, que ha asumido en su cuerpo todo aquello que oscurece nuestras relaciones, nuestro trato con Dios, nuestra misma libertad y felicidad. ¿Por qué? Tú también eres el motivo de la muerte de Cristo. ¿Recuerdas cómo afrontó toda calumnia, flagelación, coronación de espinas, e incluso la muerte? Perdonando, porque la mayor expresión del amor es el perdón. El amor para que sea auténtico y redentor tiene que doler, de tal forma que, si es necesario dar la vida colaborando en la redención de Cristo, hemos de estar dispuesto a seguir el ejemplo del Maestro. ¡Señor Jesús, enséñame a vivir, porque necesito aprender que la muerte del cristiano, vida es! Ahora, cuando el silencio delante de tu cuerpo no me deja ocultar quién soy, te pido que me ayudes a celebrar el Misterio Pascual, ofreciendo lo mejor de mí a amigos y enemigos, tener paz en la dificultades y agradecimiento en las alegrías.
Hasta este momento, estimado lector, has estado contemplando la imagen del Santo Sepulcro desde su lado izquierdo, ahora sitúate en la otra parte, en el lugar que ocupa el sacerdote durante la celebración de la Eucaristía. ¡También eres sacerdote desde el día de tu bautismo, para que puedas unirte en la ofrenda del Cuerpo y la Sangre de Cristo en el ara de la Santa Misa! Tienes cerca la herida de la lanza que llegó hasta el corazón de Cristo, sangra, pero es sangre como la tuya. En la Santa Misa podemos beber esa misma sangre que la Virgen María transmitió a Cristo, sangre que regaban unas entrañas llenas de amor hasta el extremo. Tu vida cristiana necesita ese alimento, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, necesita la Eucaristía.
Mira a tu derecha e izquierda, dos ángeles custodian el cuerpo enterrado. Representan a la comunidad eclesial que custodia el cuerpo de su Señor, con dolor por su pasión, pero esperanzada recordando las palabras que el mismo Señor Jesús dijo: el Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar (Lc 24,7). Mira al frente, el camino que has de retornar procesionando para recorrer tu vida como cristiano ha quedado iluminado por el nuevo fuego encendido en el atrio del templo de San Francisco al inicio de la Vigilia Pascual, penetra por las dos grandes ventanas, resplandor que proclama que la muerte de una vida entregada por un amor redentor vence hasta la más densa oscuridad, es muerte llena de vida, porque es amor capaz de resucitar todo dolor, ofensa, injusticia, violencia, pobreza, sufrimiento, muerte. Mientras la luz del Cirio Pascual encendido de ese fuego bendecido ilumina el templo de San Francisco, esos mismos ángeles, recuerdan a la Iglesia la gran verdad que ha de anunciar en la Vigilia Pascual a todos los que hemos celebrado la pasión y muerte de Jesucristo: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, HA RESUCITADO (Lc 24,5-6).
Dos ventanas: Dios Padre, aquel por quien el Señor Jesús entrega la vida cumpliendo su voluntad; el Espíritu Santo, quien fortalece nuestra fe, esperanza y caridad para ser testigos en medio del mundo del Reino de Dios testimoniando con la entrega de nuestra propia vida el Misterio Pascual de Jesucristo, su pasión, muerte y resurrección.
Somos muchos los trujillanos que, al pasar por el templo de San Francisco, cruzamos su puerta y observamos qué sucede dentro del mismo por la pequeña ventana abierta en la cancela.
Compartamos en este escrito lo que tus ojos y los míos pueden contemplar por esa aspillera o saetera en los días más santos del año cristiano. Observa al cartel de la Semana Santa 2026. Para que nuestra curiosidad pueda quedar satisfecha, situémonos en el momento. Es Viernes Santo, Cristo ha sido crucificado a la hora nona, bajado de la cruz y puesto en los brazos de su angustiada Madre.
Había que enterrarlo deprisa, porque caía la noche, empezaba el Sabbat. José de Arimatea solicita bajar el cuerpo muerto de Jesús de la Cruz, y con la ayuda de Nicodemo depositan su cadáver en un sepulcro nuevo, excavado en la roca. La muerte en la Cruz de Jesús ha traído las tinieblas sobre la tierra, y al quedar rodada la piedra del sepulcro, todo el peso de la oscuridad ha envuelto el cuerpo yacente del Hijo de Dios…
HORARIO DE LOS ACTOS DE SEMANA SANTA
PARROQUIAS DE SANTA MARÍA LA MAYOR Y SAN FRANCISCO
Y DE SAN MARTÍN DE TOURS
Sábado. Vísperas del Domingo de Ramos: 20.30 h.: Santa Misa en San Martín de Tours
Domingo de Ramos
Lunes Santo, Martes Santo y Miércoles Santo
Jueves Santo
*Los sacerdotes estarán disponibles en el confesionario de San Martín de Tours
Viernes Santo
*Los sacerdotes estarán disponibles en el confesionario de San Martín de Tours
Sábado Santo
Domingo de Pascua de Resurrección
MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE LA CONCEPCIÓN
MONJAS JERÓNIMAS
10.00 h.: Domingo de Ramos:
16.00 h.: Jueves Santo y Viernes Santo
18.00 h.: Sábado Santo: Solemne Vigilia Pascual
10.00 h.: Domingo de Pascua de Resurrección
MONASTERIO DE SAN FRANCISCO EL REAL (SAN PEDRO)
HERMANAS FRANCISCANAS DE LA TOR
9.00 h.: Domingo de Ramos
16.30 h.: Jueves Santo y Viernes Santo
19.00 h.: Sábado Santo: Solemne Vigilia pascual
9.00 h.: Domingo de Pascua de Resurrección
MONASTERIO DE SAN MIGUEL Y SANTA ISABEL
MONJAS DOMINICAS
9.00 h.: Domingo Ramos.
17.00 h.: Jueves y Viernes Santo
20.00 h.: Sábado Santo: Solemne Vigilia Pascual
9.00 h.: Domingo de Pascua de Resurrección
HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS
10.00 h.: Domingo de Ramos
16.00 h.: Jueves Santo y Viernes Santo
20.30 h.: Sábado Santo: Solemne Vigilia Pascual
10.00 h.: Domingo de Pascua de Resurrección
RESIDENCIA PORTA COELI
16.30 h.: Domingo de Ramos
16.00 h.: Jueves Santo
15.30 h.: Viernes Santo
20.30 h.: Sábado Santo: Solemne Vigilia Pascual
17.00 h.: Domingo de Pascua de Resurrección
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